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Uso del trabajo de expertos por auditores y evaluación de su competencia

¡Hola, inversores! Soy el Profesor Liu, y llevo más de una década en esto de las finanzas y la auditoría, primero en Jiaxi y luego viendo cómo el mundo cambia. Hoy quiero charlar con ustedes sobre un tema que, aunque parece técnico, les toca de cerca el bolsillo: **el uso del trabajo de expertos por parte de los auditores y cómo evaluamos si realmente saben lo que hacen**. No es solo un asunto de contadores; es la diferencia entre una inversión segura y un castillo de naipes. Imaginen que están comprando un edificio. El auditor revisa los números, pero ¿quién revisa que los cimientos de concreto son sólidos? Ahí entran los ingenieros, los tasadores, los abogados... los expertos. La norma de auditoría ISA 500 (o su equivalente en España, la NIA-ES 500) nos obliga a los auditores a usar a estos especialistas, pero con un ojo crítico. No podemos simplemente decir "fulano es experto, firma aquí". Hay que verificar su competencia, su objetividad, y hasta su reputación en el mercado. Les voy a contar cómo lo hacemos en la práctica, con algunos ejemplos que he vivido.

La necesidad de los expertos

Cuando audito una empresa que tiene activos biológicos, como una plantación de aguacates en Málaga, yo no sé cuánto vale un árbol de aguacate según su edad y producción. Ahí necesito a un ingeniero agrónomo. El punto es que el auditor no es un superhombre; tenemos límites. El marco normativo, como la NIC 36 (Deterioro del valor de los activos), exige valoraciones de mercado justas, pero si no tienes un perito que sepa de maquinaria pesada, tu opinión de auditoría vale poco. Recuerdo un caso de 2018, en una empresa de energías renovables que estaba valorando sus paneles solares. El auditor interno usó un método de depreciación lineal, pero yo, como auditor externo, sugerí traer a un ingeniero eléctrico. Al final, resultó que los paneles tenían un valor residual mucho mayor al estimado. Eso cambió el balance general y, de paso, la confianza de los inversores. Sin ese experto, habríamos firmado un informe incorrecto.

Ahora, ¿por qué es clave para ustedes? Porque cuando ven un informe de auditoría limpio, asumen que todo está bien. Pero si ese informe se basó en el trabajo de un experto sin escrúpulos o sin la formación adecuada, el riesgo es enorme. Por ejemplo, en la valoración de propiedades inmobiliarias, un tasador puede inflar el precio de un activo para que la empresa parezca más sólida. Esto pasó en el sector de centros comerciales en España durante la burbuja. Los auditores confiaron en tasadores internos de los propios bancos, y el resultado fue un desastre. Por eso, la evaluación de la competencia del experto no es un trámite; es un filtro de seguridad para el capital de ustedes.

Criterios de competencia clave

¿Cómo evaluamos si un experto es realmente competente? No es solo mirar su título universitario. Primero, revisamos su **experiencia específica en el sector**. Un abogado que sabe de fusiones no necesariamente entiende de regulación minera. Una vez, en una auditoría para una empresa química, el experto en medioambiente que trajeron era un catedrático, pero su última investigación era sobre plásticos en el océano, no sobre emisiones de CO2 en fábricas. Tuve que pedir un segundo informe. La lección aquí es que la competencia se demuestra con casos prácticos, no con diplomas. La NIA 620 dice que debemos considerar la "naturaleza y alcance del trabajo del experto", y eso incluye entender si sus métodos coinciden con los estándares del sector. Por ejemplo, en valoración de empresas, un experto que usa el método de descuento de flujos de caja (DCF) debe justificar las tasas de descuento. Si no lo hace, su trabajo no es fiable.

Luego, está la **objetividad**. ¿El experto es independiente? ¿Tiene algún vínculo con la empresa auditada? Les pongo un ejemplo real. En 2020, audité una startup tecnológica que había contratado a un tasador de marcas que, resulta, era primo del CEO. El tasador valoró la marca en 5 millones de euros, pero una búsqueda rápida mostró que una marca similar se había vendido por 500.000. Tuvimos que rechazar ese informe y traer a un perito externo. Esto no es raro; según un estudio del IAASB, el 30% de los errores en auditorías se deben a sesgos del experto. Entonces, en Jiaxi, siempre hacemos un chequeo de independencia, y si hay duda, pedimos un conflicto de intereses por escrito. Es un formulario simple, pero salva el pellejo a muchos inversores.

Finalmente, la **reputación profesional** cuenta. No solo hay que ver si el experto tiene colegiatura, sino si ha sido sancionado por algún organismo. Por ejemplo, el Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España tiene un listado público de expertos disciplinados. Si el experto aparece ahí, es una bandera roja. En una ocasión, un auditor novato de mi equipo quiso aceptar el informe de un actuario que había sido multado por la DGSFP (Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones). Le dije: "Ni loco, eso nos va a costar la licencia". Al final, el cliente agradeció el rigor porque evitamos una sobrevaloración de pasivos laborales.

La evaluación en la práctica

Ya sabemos los criterios, pero ¿cómo se hace la evaluación en el día a día? En Jiaxi, tenemos un proceso de tres pasos. Primero, **revisamos el alcance del trabajo del experto**. El auditor y el experto deben definir claramente qué se va a evaluar. Por ejemplo, si es un perito en seguros, necesitamos saber si va a valorar las provisiones técnicas o solo los siniestros pendientes. Esto se documenta en una carta de encargo. Recuerdo un caso donde el experto en propiedad intelectual solo había analizado patentes en EE.UU., pero la empresa tenía filiales en Compliance/6208.html">China. Eso no servía. Tuvimos que renegociar el encargo.

Segundo, **analizamos la metodología del experto**. Aquí entra mi experiencia personal. Una vez, un experto en valoración de intangibles usó un modelo de opciones reales, que es muy avanzado, pero no explicó los supuestos de volatilidad. Le pedí que detallara sus cálculos en una hoja Excel. Al verlo, descubrí que estaba usando una volatilidad del 60% para una empresa estable, cuando el promedio del sector era del 25%. Eso inflaba el valor. Le dije: "Colega, o cambias la volatilidad o no firmo". Aprendí que no hay que tener miedo de cuestionar. El auditor tiene la responsabilidad final, como dice la NIA 220. Si el experto no puede justificar sus números, su trabajo no es utilizable.

Uso del trabajo de expertos por auditores y evaluación de su competencia

Tercero, **comparamos el trabajo del experto con otras fuentes de evidencia**. Por ejemplo, si el experto valora un edificio, pedimos una tasación independiente de otro perito o usamos índices de mercado. En 2022, en una auditoría de una empresa de logística, el experto en flotas dijo que los camiones valían 2 millones. Pero yo sabía que el mercado de segunda mano estaba bajo por la subida del petróleo. Pedí un informe de una casa de subastas y resultó que el valor real era 1,2 millones. La diferencia se corrigió a tiempo. Esto les muestra a los inversores que el auditor no es un pasota; somos un filtro activo.

Desafíos comunes y errores

Aquí va lo que he visto en 14 años: los errores más comunes. El primero es **confiar demasiado en la reputación del experto**. He visto auditores que aceptan el informe de un experto solo porque es de una firma grande tipo "PwC" o "Deloitte". Pero cuidado, esas firmas también tienen días malos. En 2019, un caso famoso en España fue el de una auditoría de un banco mediano donde el experto en riesgos de crédito, de una gran consultora, subestimó las provisiones. El auditor no cuestionó porque "era McKinsey". Al final, el banco quebró parcialmente. El error fue no verificar los supuestos del modelo, como la tasa de impago. La lección: la marca no reemplaza el juicio crítico.

Otro desafío es la **falta de comunicación entre auditor y experto**. A veces, los expertos hablan en su jerga, y el auditor no entiende, pero no pregunta por orgullo o por prisa. En una auditoría de una empresa farmacéutica, el experto en I+D dijo que los costes de desarrollo eran "capitalizables" según la NIC 38. Yo, que no soy químico, le pedí que me explicara por qué un fármaco en fase II era capitalizable y no en fase I. Resultó que la empresa había capitalizado costes de un medicamento que no había pasado los ensayos clínicos iniciales. Tuvimos que ajustar 3 millones de euros. Si no hubiera preguntado, el balance hubiera estado inflado. Mi consejo: nunca finjas que entiendes; pregunta hasta que te quede claro.

Finalmente, la **documentación insuficiente**. Muchos auditores no documentan adecuadamente la evaluación del experto. En una inspección del ICAC (Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas), vi que faltaban los correos donde se discutían los supuestos. Eso puede llevar a sanciones. En Jiaxi, tenemos una checklist interna: "¿Se verificó la competencia? ¿Se documentaron las discusiones? ¿Se comparó con otras fuentes?". Si falta algo, no firmamos. Es tedioso, pero evita problemas. Para ustedes, inversores, esto significa que un informe de auditoría con anexos detallados es más fiable que uno genérico.

El rol del auditor interno

Aquí quiero detenerme en un punto que a menudo se pasa por alto: la diferencia entre el auditor externo y el interno en el uso de expertos. El auditor interno, que trabaja para la empresa, puede tener un sesgo natural. Por eso, cuando en Jiaxi hacemos auditorías externas, siempre miramos si el experto fue contratado por el departamento de finanzas o por el comité de auditoría. Si es por finanzas, desconfiamos. Un caso que recuerdo: en una empresa de retail, el auditor interno había contratado a un experto en logística para valorar el inventario, pero ese experto era amigo del director de operaciones. El informe decía que el inventario estaba en buen estado, pero cuando pedimos una inspección física, encontramos que el 20% era obsoleto. El auditor interno no había hecho su trabajo por presión del jefe. Aquí, el externo tiene que ser el policía malo.

Por otro lado, **el auditor externo puede usar el trabajo del experto del auditor interno** si evalúa su competencia, pero es delicado. La NIA 610 dice que debemos considerar si el experto interno es suficientemente independiente. En la práctica, prefiero no usar ese trabajo a menos que esté verificado por un tercero. Por ejemplo, en una auditoría de un grupo multinacional, el equipo interno tenía un tasador de marcas, pero cuando vi que el tasador también trabajaba para la casa matriz, pedí un segundo informe de un experto externo. Costó 10.000 euros adicionales, pero salvó la auditoría de un error de 2 millones. Los inversores deben saber que un auditor externo que no hace este tipo de preguntas está poniendo su capital en riesgo.

Además, hay un tema de **coordinación de tiempos**. Muchas veces, el experto entrega su informe el último día del plazo de auditoría, y el auditor no tiene tiempo para revisarlo bien. Eso es un peligro. En una ocasión, el experto en valoración de opciones sobre acciones llegó dos días antes del cierre. Tuvimos que hacer una revisión exprés y encontramos un error en la fórmula Black-Scholes. Si no lo hubiéramos visto, el gasto de compensación hubiera estado mal calculado. Mi recomendación a los inversores: si ven que una auditoría se cierra rápido después de que se contrata a un experto, pregunten por qué. La prisa es enemiga de la precisión.

Casos de éxito y fracaso

Para que no se quede en teoría, les cuento dos casos reales de mi carrera. El primero, un éxito. En 2021, audité una empresa de biotecnología que tenía patentes valoradas por un experto. El tipo era un doctor en biología molecular con 20 años de experiencia en el sector. Pero además, tenía publicaciones en revistas indexadas y era independiente de la empresa. Revisé su informe, y él había usado un enfoque de costes de reemplazo que era razonable. También comparé su valoración con una transacción de patentes similares en el mercado. Todo cuadrado. El informe de auditoría salió limpio, y los inversores confiaron. La empresa luego salió a bolsa con éxito. La clave fue la transparencia y la documentación. Ese es el estándar que buscamos en Jiaxi.

El segundo, un fracaso. En 2017, en una empresa de construcción, el experto en valoración de concesiones de obras públicas era un ingeniero de caminos, pero su informe tenía un error garrafal: no incluyó el riesgo de inflación en los flujos de caja. El auditor externo (no era yo) lo aceptó sin revisar. Al año siguiente, la concesión perdió valor por la inflación, y la empresa tuvo que hacer un deterioro masivo. Los inversores perdieron dinero. ¿Qué pasó? El auditor confió en la fama del ingeniero, que era de una universidad prestigiosa, pero no verificó los supuestos. Este caso me enseñó que la competencia técnica no evita errores metodológicos. Por eso, en cada auditoría, hago una prueba de sensibilidad. Si el resultado cambia mucho con un pequeño ajuste en la tasa de descuento, el trabajo del experto es débil.

Estos ejemplos muestran que la evaluación no es una ciencia exacta, pero tampoco es magia. Se trata de sentido común, experiencia y un poco de escepticismo profesional. A los inversores, les digo: si ven que una empresa cambia de experto con frecuencia, o que el auditor no menciona al experto en su informe (algo que la NIA 700 permite, pero es raro), pregunten. Es su derecho.

Pensamiento prospectivo

Para terminar, quiero darles mi visión de futuro. Con la llegada de la inteligencia artificial, el uso de expertos va a cambiar. Ya hay algoritmos que valoran activos o predicen riesgos. Pero, ¿son competentes los algoritmos? La evaluación de su "competencia" será diferente: habrá que verificar los datos de entrenamiento, los sesgos, la transparencia. Por ejemplo, un modelo de IA para valorar propiedades puede estar sesgado si se entrenó solo con datos de zonas ricas. El auditor del futuro tendrá que ser un híbrido: entender de tecnología y de finanzas. En Jiaxi, ya estamos formando a nuestro equipo en "auditoría de algoritmos". Es un reto, pero también una oportunidad.

Además, la regulación se va a endurecer. En Europa, la Directiva de Sostenibilidad (CSRD) exige que los expertos en ESG (medioambiente, social y gobernanza) sean evaluados con estándares similares. Pronto, no solo auditaremos los números, sino también las declaraciones verdes. Los inversores deberán estar atentos a si el experto en sostenibilidad tiene credenciales verificables, como la certificación GRI. Mi consejo es que, como inversor, empiecen a pedir a las empresas que detallen quién hace las valoraciones de sus activos intangibles, como la huella de carbono. La transparencia será el nuevo oro.

Por último, nunca subestimen el valor de una buena comunicación. Los auditores y los expertos deben hablar el mismo idioma, y los inversores deben entender lo que se dice. Si un informe de auditoría usa frases como "basado en el trabajo de un experto", sin más detalles, desconfíen. Pidan el alcance, la metodología y la conclusión del experto. Eso es su derecho como accionistas. En el futuro, espero que veamos más informes con anexos que expliquen estas evaluaciones. Será un mundo más justo para todos.

--- En **Jiaxi Finanzas e Impuestos**, hemos visto de primera mano cómo la evaluación correcta de los expertos puede transformar una auditoría de un mero trámite a una herramienta de protección de capital. Nuestra experiencia de 12 años con empresas extranjeras nos ha enseñado que la clave está en la documentación rigurosa, la verificación cruzada y, sobre todo, en no dar nada por sentado. Trabajamos con un enfoque práctico: si un experto no puede justificar su trabajo frente a un inversor exigente, nosotros no lo aceptamos. Para nosotros, la competencia de un experto no es solo técnica, sino también ética. Por eso, recomendamos a nuestros clientes que exijan informes detallados, con supuestos claros y fuentes verificables. En un mundo donde los activos intangibles crecen, el papel del experto es cada vez más central, y nuestra misión es asegurar que ese papel esté bien jugado. Así, los inversores pueden dormir tranquilos sabiendo que su capital está respaldado por evaluaciones sólidas y transparentes.
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